viernes, 27 de junio de 2014

Platos típicos



-Se hace tarde.

Son palabras que provocan desasosiego. Interpretas que hay que hacer algo pronto, que el tiempo apremia.

Cuando es del estómago de donde brota la advertencia, la premura se agudiza.

Pero lo que sientes es más que una necesidad que debe ser satisfecha.
No es hambre, es aventura.

Comienza en el estómago, es verdad. Pero es en la mente donde el llamado adquiere su cabal importancia.
Poblado de imágenes, de olores, de vivencias donde no falta el amor, la sonrisa, las papas quemadas o el pescado con coco y condimento, el centro de operaciones del cerebro se dispone a tomar una decisión.
Siempre hay opciones.

 Si es en casa, la nevera está al alcance de tu mano y se reduce la capacidad de elección.

Pero si dispones de libertad para caer en la tentación y ceder a tus debilidades, entonces tienes que optar por el tipo de cocina que tu estado de ánimo dicte.

Las tejas rojas, las amplias polleras de colores y los grandes sombreros huelen a tortillas, a frijoles y a fajitas. Con el Parque Chapultepec al fondo, se escucha en el aire “Cielito Lindo”.

Los  cuerpos voluptuosos cubierto con leves ropas color verde y amarillo, balanceándose al ritmo del samba, huele a batucada y alegría, a frijoles negros, arroz y carne asada alrededor del fuego, donde las llamas le lamen los costados, anticipándose al paladar del invitado

La nariz levantada un poco más arriba que el tenedor, los “espaguetis” con amor y vino, saben a cuchina, a península en forma de bota, a “Sole mío”.

Una enorme sartén humeante, con fragancia flamenca y dos guitarras, con gusto a taconeo y castañuelas, recuerdan al paladar el sabor de “Granada’ y de Paella.

Si en tu mente lo que percibes es un jinete con el sombrero aludo, el barbijo entre los dientes y el noble potro tratando de sacudírselo de encima, mientras las brasas humean, y la parrillada chilla de caliente, y el asado sobre la malla clama por degustado, entonces quieres sur, añoras distancia y carne tierna, costillas cortadas en perfectas tiras dispuestas con el hueso hacia abajo y la grasa derritiéndose, cayendo sobre la cama caliente de carbones.

Si abunda el plátano frito, las palmeras y el café, si para despertar el apetito de terminan de alcanzar un “mojito’ con menta, y una flauta te recuerda a Siboney, a la Habana, a “la República” o a tierra liberada, entonces lo que quieres es Caribe, es rumba, es salsa, en el tablado y en el plato.

No basta con un menú con la descripción del plato de un lado y la columna de precious del otro, eso es prosaico, secular, impropio.

El plato típico debe venir adornado de hojitas de perejil y ramos de recuerdos, con aroma brotando de su centro y vivencias circunvalando sus bordes. No puede quien recibe la honrosa misión de acercarlo a tu mesa romper la magia que te trajo hasta su mesa.

Tu acción de gracias es entonces sincera, porque recibes más de lo que estás dispuesto a pagar.


¡Buen provecho!

Autor: Roosevelt Eduardo Jackson Altez (REJA)

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